Georgina Orellano, la referente nacional de AMMAR, pasó por la FFHA: “Es sectario pensar que somos las únicas explotadas en este sistema y que por eso habría que abolir nuestro trabajo"

Centro de Estudiantes 09 de noviembre de 2019 Por CE FFHA MUU
La feminista líder de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina estuvo en nuestra casa de estudios para participar de las actividades de la semana de la Diversidad LGBTQ y nos contó sobre su militancia por los derechos de las trabajadoras sexuales.
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En el marco de las actividades de la semana de la Diversidad LGBTQ realizadas en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, nos acompañó Georgina Orellano, la jefa de las Putas Feministas y referente militante de AMMAR, las agrupaciones que representan a las trabajadoras sexuales y que marcan una grieta en el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans. 

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La encargada de defender y velar por los derechos de las trabajadoras y los trabajadores sexuales pasó por el Centro de Estudiantes de nuestra casa de estudios, bajo la gestión del Movimiento Universitario Unido, y nos habló sobre la lucha de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) para lograr el reconocimiento de su labor como trabajo digno y con derechos.

Con respecto a esto último, la referente feminista asegura que “nosotras consideramos que el trabajo sexual es trabajo por ser una actividad ejercida de forma voluntaria y por decisión propia de gente mayor de edad que consiste en ofrecer servicios a cambio de una remuneración económica”. Además, se refirió a la clandestinidad como el principal problema al que se enfrentan día a día, “necesitamos del reconocimiento estatal para poder salir  de la clandestinidad en la cual tenemos que ejercer nuestra actividad, lo que produce la persecución y la violencia policial, pago de coimas y hostigamientos”. 

Desde hace algunos años el trabajo sexual es centro de debate y ya son muchas las políticas públicas diseñadas para intentar abolirlo. Sin embargo, Georgina afirma que muchas veces estas iniciativas “son para combatir la trata de personas, comparándolo con el trabajo sexual y prohíben aún más un montón de espacios donde nuestras compañeras trabajan y terminan haciéndolo en lugares mucho más ocultos, clandestinos, expuestas a mayor explotación y en peores condiciones laborales”.

Hoy por hoy, AMMAR sigue peleando por dignificar la vida de las trabajadoras sexuales, quienes muchas de ellas” llegan a los 60 años y no se pueden jubilar absolutamente de nada, o que antes situaciones de enfermedad no tienen acceso integral a la salud, todo producto del estigma y la discriminación que persisten en la sociedad”. Pero Georgina entiende que este no sólo es un problema de las trabajadoras sexuales y levanta la bandera de la conciencia de clase en nombre de todos los trabajadores. “Algunos sectores hablan de reinserción laboral y trabajo digno, nosotras sostenemos que ningún trabajo es digno porque el sistema capitalista no lo permite. Todos los que salimos a trabajar somos dignos, pero no hay un trabajo más digno que el otro”, asegura.

Desde esta mirada, las trabajadoras sexuales critican la mirada de los sectores del feminismo que intentan abolir su actividad por considerarlo una forma de explotación. “Es muy sectario pensar que somos las únicas explotadas en este sistema y que por eso habría que abolir nuestro trabajo. Es cierto que hay explotación, no lo negamos, de hecho somos las primeras en criticar las condiciones indignas en las que tenemos que ejercer. Ahora, también es cierto que el patriarcado nos explota en todos los ámbitos, en la maternidad, dentro de la institución familiar, dentro de la institución matrimonial, nos explota en todos los trabajos, nos cosifica en todos los espacios que habituamos diariamente”.

Así, tanto Georgina como todas las trabajadoras sexuales sostienen que “en vez de abolir la prostitución, habría que abolir el capitalismo ¿Pero mientras tanto qué hacemos? Porque hay algunos militantes que piensan en utopías, y está bien soñar con un mundo igualitario, libre y feminista, pero lo cierto es que vivimos en un mundo desigual, machista y patriarcal. Entonces nosotras pensamos en qué hacer con lo que tenemos ahora, no con lo que pretendemos lograr dentro de cien años. La realidad nos dice que nosotras existimos y que necesitamos derechos ahora”.

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